HISTORIAS DE ENFERMOS Y VIEJOS, Eugenio d'Ors

0


EUGENIO D'ORS, Historias de enfermos y viejos, Bedía Santander, 1981, 50 páginas.

**********
Existe una edición de este título (Grano de Arena, Madrid, 1941), aunque por el número de páginas, 70, es probable que contenga más relatos de los que reeditó Pablo Beltrán de Heredia.
**********

EL MÉDICO DE LA MÚSICA Y DE LOS PERFUMES

   Dentro de su euforia habitual de enfermo del pecho, lo único que atormentaba a nuestro pobre amigo eran las noches, el insomnio y la agitación de las noches... Últimamente había pasado semanas enteras sin dormir más que a ratos cortos, en una semi-vigilia especial, surcada de terrores y angustias. Para serenarse, encendía la luz y se ponía a leer. Leía una hora, dos, hasta que se relajaba su atención, perdía interés en el texto y se le confundían las letras. No acababa de cerrar los ojos; la rendija del párpado mal caído dejaba ver un poco del blanco. El ruido, aun leve, del abandonado libro al caer al suelo era generalmente señal para un grito ronco que se escapaba de la garganta; una especie de alarido, continuado en cortos gemidos, alguna vez en quebrados sollozos. En ocasiones, los gritos se multiplicaban en escala ascendente, y luego descendían hasta cerrarse en un suspiro profundo. Abría entonces los ojos de nuevo, con una grande mueca de espanto.
   El examen del funcionalismo sensorial había revelado en este doliente, con placas de anestesia diseminadas, discromatopsia y estrechez del campo visual.
   Le trató y curó el que llamábamos entonces «médico de la música y de los perfumes». Era éste un finlandés, discípulo de Bestchinsky y de Berberoff. Trajo a casa de nuestro amigo una caja de música de sonido muy agradable. La instaló en la alcoba, y se le daba cuerda en el momento en que el onirópata se iba a acostar.
   Dulces melodías, un poco pueriles, le acompañaban el primer sueño. El oído permanecía vigil cuando los demás sentidos dormían. Aquél daba un mensaje, y el poder de la música hacía que el mensaje fuera de clemencia y de paz. Iban los intervalos de reposo volviéndose cada noche más largos y tranquilos.
   El enfermo, que la noche antes se había dormido en los brazos de la música, corría al despertarse a recibir la caricia de los perfumes. Estas sesiones a matinales formaban parte del tratamiento. El mismo doctor acostumbraba a presidirlas y administraba su maravilloso estuche de esencias múltiples, en pomo o en tubo.
   Solía preludiar con el olor a ámbar: a su influjo, el abatido se animaba un poco. Sus movimientos respiratorios empezaban a modificarse en el ritmo y en la amplitud. Volvíanse más profundos, a la vez que más lentos... Al ámbar sucedía la violeta. A la violeta, el heliotropo.
   Tanto como los procesos respiratorios, recibían los  de circulación influencias bienhechoras. La reacción circulatoria presentaba una vaso-constricción periférica. Eran sensibles al contacto y hasta, dada la delgadez del enfermo, a la vista, las modificaciones del pulso.
   Cuando en el aire el último rastro del heliotropo se evaporaba, nuestro amigo, que era escritor, sintiéndose como remontado para la tarea, se ponía inmediatamente a trabajar.

AÚN QUEDA MUCHO POR DECIR, Rose Ausländer

0


ROSE AUSLÄNDER, Aún queda mucho por decir, Sexto Piso, Madrid, 2016, 308 páginas.

*********
 Muchos de los poemas de esta edición bilingüe traducida por Nuria Manzur son breves.
*********

SEGUNDO

Cuánto tiempo
se puede esperar

Un segundo
eternidad

lo siguiente
es tiempo

ME HIZO JOAN BROSSA, Joan Brossa

0


JOAN BROSSA, Me hizo Joan Brossa, Lumen, Barcelona, 1989, 96 páginas.

**********
La primera edición bilingüe de Me hizo Joan Brossa apareció en Las Palmas en 1973. Del original (Cobalto, 1951) se reproduce íntegro el prólogo (pp. 9-10) de João Cabral de Melo.
********** 

ÁGUILA

Codroniz, lechuza, mochuelo, pinzón, oropéndola,
verderón, gavilán, perdiz, tordo.
Cruza una mujer, vestida de negro, y sale.
Buitre, pardillo, mirlo, alcotán, abubilla,
gorrión, urraca.
 

NEGRO CLARO, Christian Bobin

0


CHRISTIAN BOBIN, Negro claro, Sibirana, Zaragoza, 2015, 70 páginas.

**********
Sibiriana, afortunadamente para el lector, sigue apostando por la traducción al español de Bobin. El lector encontrará en Negro claro el tono reflexivo y las imágenes brillantes que condensan otra lucidez: la de la sabiduría.
**********



***
He visto a un joven boxeador tocar el piano. He visto un huevo de codorniz en la hierba. He visto a un gato cubrir con ramitas los despojos de un ratón. He visto a Mandelstam correr por todo Moscú para defender a cinco ancianos condenados a muerte. He visto a un asesino cuyo corazón era un rubí. He visto a un pan empapado por la lluvia pedir socorro. He visto enredaderas agarrarse a una cerca como prisioneros a sus barrotes. He visto a un bebé ofrecer el tesoro de un pastel estrujado en su mano sucia. He visto a la abubilla fabricar su nido con sus excrementos blancos, más deslumbrantes que las palabras de los ermitaños. Nunca he leído una definición satisfactoria del amor. Nunca la leeré.
***
Un poema es el máximo de sensibilidad que un hombre o una mujer pueda conocer. Apenas un poco más y los pulmones del lenguaje estallan, como los de aquellos buceadores que suben demasiado rápido de la profundidad del océano.
***
Es imposible vivir sin crueldad. Respirar, ejercer la alegría, ya es hacer daño a alguien alrededor.
***
El poeta perfora agujeros en el hueso del lenguaje para hacer una flauta. Eso no es nada pero esa nada habla de lo eterno.
***
Sobre el corazón del que agoniza un pétalo de rosa pesa varias toneladas, y el mundo menos que una mota de polvo bajo la cama.
***
El cuerpo es la única tumba. El muerto es un sobre del que se ha retirado la carta.

LOS SUEÑOS DE LAS SOMBRAS, Fernando Menéndez

0


 

FERNANDO MENÉNDEZ, Los sueños de las sombras, Trea, Gijón, 2016, 104 páginas.

**********

La legibilidad del mundo termina en el futuro.
***
Amar como una sutileza o una pesadilla.
***
La mentira sutil de vivir hablando en aforismos.
***
Demasiado intelectual para ser sublime.
***
No hay camino más peligroso que el que borras.
***
El más allá nos enmohece.
***
Caminos que no van a ninguna parte, dibujos de pensamientos con los pies.
***
Deja tu aforismo y desaparece.

PECES FUERA DEL AGUA, Jorge Riechmann

0


JORGE RIECHMANN, Peces fuera del agua, Baile del Sol, Tegueste, 2016, 348 páginas.

**********
asimetría 
El paraíso en la Tierra no es viable; sabemos que el infierno sí.
***
desproporción
Tanta eficiencia en lo insignificante, tamaña inoperancia en lo esencial.
***
bocas babeantes 
El ego es una tenia, una sanguijuela, en el mejor de los casos un abrazo de muérdago. No des de comer a ninguna de esas bocas babeantes.
***
pura subjetividad neoliberal
«-Que no se diga que no lo hemos intentado. -Ah, pero es que no lo has intentado lo suficiente...» Es el siniestro voluntario contemporáneo, la extenuante ideología del «si te lo propones de verdad, no hay nada que no puedas lograr».
***
los engaños del determinismo retrospectivo 
Henri Bergson prevenía contra «los engaños del determinismo retrospectivo». A toro pasado, todos dicen que pasó lo que tenía que pasar -aunque nadie fue capaz de preverlo...
***
allende los negocios
Te dicen que vivir es encontrar tu «modelo de negocio»... Pero la vida es, casi exactamente, lo que comienza más allá de los negocios. 
***
lifestyles
Se nos habla de estilos de vida alternativos -¡para no tener que hablar de modos de producción alternativos!
***
¿quien dirá la verdad a la gente? 
¿Y cuándo nos atreveremos a decirnos la verdad a nosotros mismos?

MANUAL DE REMEDIOS LITERARIOS, Ella Berthoud & Susan Elderkin

0


ELLA BERTHOUD & SUSAN ELDERKIN, Manual de remedios literarios, Siruela, Madrid, 2017, 430 páginas.
**********
En la Introducción (pp. 11-12) las autoras señalan que este libro subtitulado Cómo curarnos con libros «contiene bálsamos beckettianos, torniquetes tolstianos, los calmantes de Calvino y las purgas de Proust y Perec». El lector puede frecuentar este libro como un vademecum en el que encontrará tratamiento para cada «dolencia».
**********
ADOLESCENCIA

J. D. SALINGER, El guardián entre el centeno
LORRIE MOORE, El hospital de ranas
DENTON WELCH, En la juventud está el placer

   Tienes las hormonas revolucionadas. Te está saliendo pelo en partes del cuerpo donde antes no había nada. Te está cambiando la voz y se te está marcando la nuez. Tienes acné. Te están creciendo los pechos. Y el corazón —y las entrañas— se te encienden a la mínima provocación.
   Lo primero, deja de pensar que eres la única persona a la que le pasa todo eso. Sea lo que sea lo que estés atravesando, Holden Caulfield ya lo pasó antes que tú. Si todo te parece «asqueroso»; si pasas de hablar del tema; si a tus padres les darían «dos ataques por cabeza» si supieran lo que estás haciendo en este momento; si alguna vez te han expulsado del colegio; si crees que todos los adultos son unos falsos; si bebes/fumas/intentas ligar con gente mucho mayor que tú; si tus supuestos amigos siempre te están dando de lado; si tus profesores te dicen que te estás fallando a ti mismo; si te proteges del mundo con tu aire arrogante, tus tacos, tu aparente indiferencia hacia lo que te pueda ocurrir en el futuro; si la única persona que te entiende es tu hermana de diez años, Phoebe...: si te pasan una o más de estas cosas, El guardián entre el centeno te ayudará a sobrellevarlas.
   La adolescencia no tiene cura, pero hay formas de llevarla de la mejor mañera posible. El hospital de ranas, de Lorrie Moore, relata muchos de los horrores habituales de la adolescencia. La narradora, Berie, se desarrolla muy tarde y disimula su vergüenza riéndose de sus «huevos fritos» y «latas aplastadas por un coche» además de desternillarse de risa con su mejor amiga recordando el día que Sils intentó afeitarse las espinillas con una cuchilla. De hecho, reírse es algo que Berie y Sils hacen muchísimo juntas, y lo hacen «con violencia, con convulsiones», sin emitir sonido alguno. También cantan juntas; lo que sea, desde villancicos hasta música de la tele, pasando por canciones de Dionne Warwick. Y aplaudimos que lo hagan. Porque si no cantas a voz en grito y desafinando con tus amigos a los catorce o quince años, dejando que la música prepare tu corazón para «algo torrencial e importante», ¿cuándo vas a hacerlo?
   Un adolescente que no hace amigos y que sin embargo tiene una vida enormemente intensa es Orvil Pyni en En la juventud está el placer, de Dentón Welch. Esta novela de 1945, escrita con un hermoso detallismo, se desarrolla a lo largo de un lánguido verano con cl telón de fondo de un hotel de la campiña inglesa en el que Orvil, en un estado de confusión pubescente, está pasando las vacaciones con su padre y sus hermanos. Distante y solitario, Orvil observa los defectos de los demás a través de una lente despiadada. Sale a explorar la roña, prueba el vino de la comunión en una iglesia desierta con sentimientos de culpa y después se cae de la bici y llora con amargura «por todas las torturas y atrocidades del mundo». Toma prestada una barca y va remando por un río, donde alcanza a ver a dos chicos cuyos cuerpos brillan «como la seda» a la luz del atardecer. Se siente atraído por nuevos mundos, que casi puede tocar pero que están fuera de su alcance, y, al borde de una revelación, durante un tiempo se plantea fingir que está loco para no tener que enfrentarse a los horrores que le esperan al volver al colegio. Poco a poco se da cuenta de que no puede saltarse los siguientes diez años y de que tendrá que sobrevivir a esta etapa de confusión y comportarse «según la manera acostumbrada», sonriendo y ocultando sus impulsos más desenfrenados para respetar la jerarquía establecida por sus hermanos.
   La adolescencia no tiene por qué ser un infierno. Recuerda que la gente de tu edad está pasando por las mismas dificultades y, si es posible, comparte el trance con ellos. Con amigos o sin ellos, asegúrate de hacer las tonterías y las locuras que solo se hacen en la adolescencia. Más adelante, cuando seas adulto, al menos podrás recordar esos años de excesos, espinillas y experiencias y echarte a reír.


LAS DIEZ MEJORES NOVELAS PARA ADOLESCENTES

SHERMAN ALEXIE, El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial
TRUMAN CAPOTE, Otras voces, otros ámbitos
ORSON SCOTT CARD, El juego de Ender
STEPHEN CHBOSKY, Las ventajas de ser un marginado
ALAIN-FOURNIER, El gran Meaulnes
JOHN GREEN, Buscando a Alaska
MURIEL SPARK, La plenitud de la señorita Brodie  
ALICE WALKER, El color púrpura
EDMUND WHITE, La historia particular de un muchacho
MARKUS ZUSAK, La ladrona de libros