AUTOAYÚDATE QUE DIOS TE AYUDARÁ, Carlos Monsiváis

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CARLOS MONSIVÁIS, Autoayúdate que Dios te ayudará. Aforismos de Carlos Monsiváis, Seix Barral, México D.F., 2011, 154 páginas. Prólogo, investigación y selección de Francisco León.
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El Metro es la imagen del mundo felizmente suspendido entre la estación Génesis y la estación Apocalipsis.
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Con la explosión demográfica toda escritura deviene en taquigrafía.
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Somos el lenguaje de quienes nos gobiernan.
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Sólo renunciaré al voyeurismo si me permiten tocar.
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El instante del triunfador dura más que el día del fracasado.
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Lo que interesa es salir en pantalla, no decir genialidades.
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Babel fracasó no por la intención sino por la falta de fondos. 
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El tigre es nuestra única oportunidad de ser devorados por el gato.
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Hay que seguir creyendo mientras no consigamos otra fuente institucional de estímulos.

EL LADO DE LOS TARCOS, Estela Porta

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ESTELA PORTA, El lado de los tarcos, Universidad Nacional de Tucumán, San Miguel de Tucumán, 2014.
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 INMIGRANTES I

   Llegó con su cargamento de ilusiones y de miedos. Con sus manos fuertes. Una voluntad que nadó un océano. Y se enamoró de esta tierra negra. Andar y desandar los surcos. Las semillas cayendo de los dedos. El sol dibujaba pentagramas en su piel y él cantó el himno a los primeros brotes. Tantas lunas velaron su desvelo. Don Manolo, el gallego, murió de pena cuando la primera carrada de limones partió para el mercado.

NOTAS SOBRE EL CINEMATÓGRAFO, Robert Bresson

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ROBERT BRESSON, Notas sobre el cinematógrafo, Era, México D.F., 1979, 128 páginas. 
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Estos breves apuntes y aforismos, traducidos por Saúl Yurkiévich, constituyen una excelente poética cuyo alcance no se restringe al cinematógrafo: supone una mirada brillantemente concisa y lúcida sobre los fundamentos de la creación que atañen a cualquier obra de arte.
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Controlar la precisión. Ser yo mismo un instrumento de precisión.
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La terrible costumbre del teatro.
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Respetar la naturaleza del hombre sin quererla más palpable de lo que ella es.
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La fuerza eyaculatoria del ojo.
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Cuando un solo violín basta, no emplear dos.
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Se reconoce lo verdadero por su eficacia, por su potencia.
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Escarba en el mismo lugar. No te escurras fuera. Doble, triple fondo de las cosas.
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Asegúrate de haber agotado todo lo que se comunica por medio de la inmovilidad y el silencio.
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No corras tras la poesía. Ella sola penetra por las junturas (elipsis).
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Que los sentimientos causen los acontecimientos. No a la inversa.
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Elige bien tus modelos para que ellos te lleven donde quieres llegar.
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Crear expectativas para colmarlas.
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No mostrar todos los costados de las cosas. Margen de indefinición.

EROSIÓN, Cecilia Aste

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CECILIA ASTE, Erosión, Macedonia Ediciones, Morón, 2017, 62 páginas.
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AHUMADO

   Me encierro en la cocina. Hoy a la noche: carne al horno con… sin papas. Imagino los comentarios que vendrán y me canso antes de empezar. Busco un CD de cuando yo era yo y nadie más. Pongo la música a medio volumen. Mientras canto preparo la carne en una asadera y la llevo al horno. Lavo y seco los platos del mediodía. Tiendo la mesa para no sé cuántos. Canción número tres. De las mejores. Es la voz furiosa la que me apasiona. Sus tonos bien bajos, guturales, casi primitivos. Subo el volumen y sé que no voy a escuchar ni el teléfono ni a nadie. Lo que pasa del otro lado de la puerta me tiene sin cuidado. Bailo y canto como antes, hasta transpirar. Veo mi reflejo en la ventana que da al jardín. Me desconozco. Canción número cuatro. Lenta como la manera en la que se debe asar la carne. Yo la cocino con el tiempo que tengo. Preparo un caldo y un puré artificial. Amas de casa eran las de antes, dirían las mujeres grandes de la familia. Lo repiten en cada reunión. Como defensa busco el libro Recetas Rápidas para la Mujer Moderna. Ojeo la receta. Dice que sazone a gusto la carne de tanto en tanto, con cuidado. A fuego lento. Dos horas de cocción. Me duele la cabeza. Cierro el libro. Levanto el fuego a temperatura bien alta. Quiero quemar la carne hasta secarla. Canción número cinco. La del pub del Bajo Belgrano donde me llevó el chico que manejaba sin registro. En casa se quejaban de mis novios con moto. Dejé de usar mis polleritas cortas para que no vieran las quemaduras de caño de escape en mi pantorrilla. Hay humo en toda la cocina. La carne. Se quema. Miro el track: canción número siete. Saco rápido la asadera del horno. Me quema en las yemas. La apoyo sin cuidado sobre las hornallas. Me enojo. Cierro la puerta del horno con bronca. El ruido que hago no sabe a comida. El olor es insoportable. Con una espumadera de metal reviso la carne. Puteo por el exceso de fuego. La base está negra y pegada. Miro la hora. Hay tiempo. Intento calmarme. La música hace todo tolerable. La pongo al máximo. Canto y abro la ventana para ventilar el ambiente. Enciendo el extractor a máxima potencia. Afuera, los perros vecinos ladran. Desde la casa del fondo me gritan que baje la música. Canto más fuerte; la diez es mi favorita. Me recuerda a las vacaciones más calientes que tuve en Brasil. Sonrío. Desonrío. Me ocupo de la carne. Raspo la parte quemada y la paso a una fuente de vidrio. Conozco el CD de memoria. Queda una sola canción. Lavo la fuente quemada, la seco y la guardo. La cocina ya no tiene humo. Apago el extractor. Se acaba el CD y yo dejo de ser yo y nadie más. Del otro lado de la puerta, escucho. Rutinas. Llaves que abren la puerta. Pasos que bajan la escalera rápido. Saludos. Un maletín sobre un sillón. Abro la puerta de la cocina, apretó STOP en el equipo de música y llamo a comer. 

MANGA POR HOMBRO, Elías Moro

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ELÍAS MORO, Manga por hombro, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2013, 240 páginas.
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PROGRAMA PARA HOY
(Serenata bucólica)

Diana floreada con gallo al fondo y vacas mugiendo.
Coro de perros, opus 28.
Concierto de chicharra y pájaros en sol mayor.
Zarabanda de golondrinas y vencejos.
Danza de murciélagos.
Suite nocturna para mochuelo, cuatro grillos y una rana.
Bis: Solo de lechuza.
2º bis: Repique de cigüeñas.

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AFORISMOS DE SEPTIEMBRE
Para Jordi Doce

Si te consideras un hombre bueno, disponte a convertirte en diana.
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Hoy me duele lo de siempre como nunca.
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Los que se envuelven en banderas pierden toda perspectiva sensata.
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Duermo desnudo para que mis sueños no encuentren más obstáculos de los necesarios.
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En cuanto te conozcas bien a ti mismo, querrás no haberlo hecho.
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Paseaba su ataúd en la mirada.
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Las cicatrices del héroe a modo de sangrienta y perenne condecoración.
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Aliviaba su soledad de todos los días comiendo frente al espejo.
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Hay risas tan falsas que suenan como campanas tocando a duelo.
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Siguiendo el dictado de los espejos, las demás cosas empezaron a devolvernos la mirada.

VIDA DE POETA, Robert Walser

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ROBERT WALSER, Vida de poeta, Siruela, Madrid, 2010, 144 páginas.
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La traducción de Juan José del Solar permite leer en español algunas de las piezas más destacadas de la narrativa breve de Walser.
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DISCURSO A UNA ESTUFA

   Una vez pronuncié un discurso a una estufa y quisiera transcribirlo aquí hasta donde lo recuerdo de memoria.
   Asaltado por toda suerte de pensamientos iba un día de un extremo a otro de mi habitación. En cierto modo me había extraviado, perdido, y hacía grandes esfuerzos por orientarme de nuevo, lo cual me costaba numerosos suspiros; era, eso sí, absolutamente incapaz de disimular que estaba angustiado.
   Y entonces vi a la estufa sonreír sarcásticamente desde su imperturbable quietud estufesca.
   «A ti no te afecta nada», le grité furioso y con sincera indignación, «no estás sometida a ningún tipo de excitación. La inquietud no te atormenta ni te afligen las calamidades.
   »¿No es acaso cierto, so pasmona e insensible majadera, que al no tener capacidad ni, por lo tanto, necesidad alguna de moverte, te imaginas que vales una enormidad?
   »Como eres una pasmona burda e insensible, te crees grande.
   »¡Vaya grandeza!
   »Como desconoces cualquier tipo de tentación, te crees una mujer modelo.
   »¡Vaya feminidad!
   »No sentir nada, contonearse como una osa gruñona o una elefanta parece ser tu concepto de feminidad.
   »Como nunca en tu vida has pensado en algo más profundo, tienes el descaro de burlarte insensatamente de quienes deben enfrentarse a toda suerte de dudas y escrúpulos.
   »¡Valiente amiga eres tú!
   »Es muy evidente que, hasta ahora, el mundo te ha echado en falta. En ti y en tus semejantes bien puede confiar el mundo.
   »Como no necesitas luchar ni combatir, te consideras perfecta.
   »Como nunca has condescendido en nada ni te has dejado ver allí donde hombres y corazones son puestos a prueba, te figuras estar libre de toda flaqueza, por lo que te permites señalar con el dedo a quienes, arriesgándose a entrar en el campo de batalla, sacan a la luz sus flaquezas y errores.
   »Cobarde rebosante de energías que no se atreve a moverse para no tener que revelar dónde están sus defectos: avergüénzate de no haber tenido que avergonzarte jamás ni un poquito; quien no sabe lo que es dedicarse a una causa justa tiene el corazón cubierto de grasa y la buena voluntad asfixiada.
   »Quiero que sepas que más que cualquier buena reputación me importa mi tarea, para mí más importante que la necia fama de no haberse equivocado nunca.
   »Quien nunca se equivoca es probable que jamás haya hecho nada bueno».

HISTORIAS DE ALMANAQUE, Bertolt Brecht

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BERTOLT BRECHT, Historias de almanaque, Alianza, Madrid, 1975, 142 páginas.
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EL REENCUENTRO

   Un hombre que hacía mucho tiempo que no veía al señor K. le saludó con estas palabras:
   —No ha cambiado usted nada.
   —¡Oh! —exclamó el señor K., empalideciendo.

EL FIN DE LOS DINOSAURIOS, Javier Tomeo

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JAVIER TOMEO, El fin de los dinosaurios, Páginas de Espuma, Madrid, 2014, 200 páginas.
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LA MUÑECA HINCHABLE

   Cuando Desideria, mi muñeca hinchable, me abandonó por otro hombre, comprendí que mi soledad ya no tenía remedio.
   -Fue hermoso mientras duró -le confieso esta mañana a Jenaro, que es mi mejor amigo-. Nunca más volveré a encontrar a nadie como ella. En los diez años que duró nuestro amor, ni una sola recriminación, ni una sola palabra más alta que otra. Lo nuestro fue, sobre todo, un dulce monólogo.
   -Dime -me pregunta Jenaro-, ¿quién fue, en ese monólogo, el único que hablaba?
   -Ella -reconozco.
   -Pues no me extraña que al final se fuese con otro -dice mi amigo-. El silencio de nuestra pareja nos acaba aburriendo mortalmente. Aburre incluso a las muñecas de silicona.

EFÉMERA, José Manuel Benítez Ariza

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JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA, Efémera, Takara, Jerez de la Frontera, 2016, 68 páginas.
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También las sociedades, como los individuos, optan a veces por el suicidio, y por los mismos motivos inexplicables o absurdos. Y hay poco que hacer. Blindar la propia privacidad, quizá, para evitar el contagio.
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Frente a lo gregario espeso, la soledad transparente.
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Signo de indiferencia por antonomasia: ver llover. Pero a ver quién acierta a hacerlo sin que se le moje por lo menos la mirada.
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Conozco a algunos que, además de tener una intensa vida social, encuentran tiempo para escribir. No quiero pensar a qué se lo quitan.
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A veces lo que más asusta de la soledad es lo confortable que resulta.
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Hace siempre más frío en el recuerdo de los inviernos pasados.
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Terminar siendo un raro de tercera o cuarta fila; y fiar tu fama póstuma a que la Diputación reedite los libros olvidados...
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No es difícil saber de dónde sopla el viento: basta con mirar hacia dónde se inclinan las cabezas de los intelectuales.
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Hablar de política, como hablar de dinero o sexo, presupone siempre una cierta mala educación.
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El viento en el campo viene de más lejos.

EL ACIAGO DEMIURGO, Emil Cioran

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E. M. CIORAN, El aciago demiurgo, Ediciones Perdidas, Almería, 2011, 112 páginas.
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Desear la gloria es preferir morir despreciado que olvidado.
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A veces uno piensa que más vale realizarse que dejarse ir, a veces se piensa lo contrario. Y se tiene enteramente razón en los dos casos.
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Nuestras oraciones reprimidas estallan en sarcasmos.
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Nada da mejor conciencia que dormirse con la visión clara de uno de sus defectos, que uno no se atrevía a confesarse hasta entonces, que incluso se ignoraba.
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El delirio es, sin disputa, más hermoso que la duda, pero la duda es más sólida.
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No hay más que un signo que testimonie que se ha comprendido todo: llorar sin motivo.
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La palabra y el silencio. Se siente uno más seguro al lado de un loco que habla que de un loco que no puede abrir la boca.
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Toda agonía es, en sí, curiosa; sin embargo, la más interesante sigue siendo la del cínico, la del que la desprecia en teoría.
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Para encontrarse de nuevo, no hay nada como ser «olvidado». Nadie viene a interponerse entre nosotros y lo que cuenta. Cuanto más se apartan los otros de nosotros, más trabajan en nuestra perfección: nos salvan al abandonarnos.
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Mis dudas sobre la providencia no duran nunca mucho: ¿quién, fuera de ella, estaría en disposición de distribuirnos tan puntualmente nuestra ración de derrota cotidiana?
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El combate a que se entregan en cada individuo el fanático y el impostor es causa de que nunca sepamos a quién dirigirnos.
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Me gusta glosar la caída, me complazco en vivir como parásito del pecado original.
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¡Si pudiera uno hacerse inhumillable!

ZONA ETÉREA, Marcos Rodríguez Leija

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MARCOS RODRÍGUEZ LEIJA, Zona etérea, Gobierno del Estado de Tamaulipas, Ciudad Victoria, 1998, 48 páginas.
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UN HOMBRE DESALMADO

   De niño fue el más terrible en la pandilla del barrio. En la familia se ganó el título de “oveja negra” durante la adolescencia. Los estudios jamás le agradaron, mucho menos trabajar. Prefirió ganar el dinero fácil. Se hizo de amigos que le enseñaron a matar. Al cumplir los cuarenta años se había convertido en el hombre más desalmado y perseguido por las autoridades de investigación criminal. Se volvió pendenciero a tal grado que asesinó a sus cómplices de crímenes y asaltos. Ya ningún cabecilla de las bandas y pandillas del bajo mundo quisieron tener nexos con él. En su familia hacía mucho tiempo que lo habían dejado de considerar parte de los de su sangre. Quedó tan solo en el mundo y absolutamente nadie lo quería que una noche, al encontrarse oculto en su madriguera, sentado sobre la cama, vio de frente su sombra reflejada en la pared, y ésta, avergonzada, se levantó y se marchó por la ventana para siempre.

EL ARCO DEL DESCENSO, Andrea Marinelli

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ANDREA MARINELLI, El arco del descenso, Micrópolis, Lima, 2014.
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PATA DE PALO

   En medio de los desperdicios, la mujer lloraba desconsolada.
   —Tendrá una vida mejor –repetía-, ¡será un pirata!
   Se detuvo un momento para limpiarse el rostro manchado de sangre, y siguió serruchando.

AREQUIPA, EL ENIGMA DE LA LECTURA, Pablo Nicoli Segura

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PABLO NICOLI SEGURAArequipa, el enigma de la lectura, Editorial San José, Arequipa, 2010.
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AYER

   Ayer, por la tarde, resbalé aparatosamente por las gradientes derruidas del antiguo cementerio; terminé por golpearme con fuerza el cráneo contra una lápida cuya inscripción dice: “No estamos muertos, sólo un poco transparentes…”. A la medianoche, mientras leía, sereno, un viejo libro en la biblioteca junto al salón, me ha parecido ver una silueta que se asomaba, pero ha sido tan rápida la visión que no sé si he visto algo real. Hoy por la mañana he leído un libro titulado “El misterioso mundo de los vivos”. Por supuesto ya no existe fantasma que pueda creer en la existencia de ellos.

PROSAS ENTREVERADAS, Fernando Aínsa

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FERNANDO AÍNSAProsas entreveradas, Cálamo, Zaragoza, 2009, 66 páginas. 
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RESCATADO UNA VEZ MÁS

   De pequeño se asomaba al aljibe que había en la cocina de su casa. Se subía a un taburete, intentaba reflejarse en el fondo, respiraba la húmeda frescura y, luego, temblaba. Sentía un vértigo entre viscoso y dulzón y una extraña atracción por lo desconocido. Dejaba entonces caer el cubo y en la desgarrada superficie quebrada imaginaba, por un instante, su cuerpo hiriendo las aguas para quedar en su fondo entumecido.
   Luego, al izarlo con agua desbordante, se sabía en su tambalear sobre el brocal, una vez más, resacatado.

HABITACIONES Y OTRAS PIEZAS BREVES, Natsume Sōseki

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NATSUME SŌSEKI, Habitaciones y otras piezas breves, Olañeta, Palma de Mallorca, 2013, 78 páginas.
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Abel Vidal, traductor del volumen, explica en su nota introductoria que Sōseki logra en estos relatos "una extraordinaria mezcla de realidad y ficción, pasando por el filtro poético e imaginativo de su subjetividad diversas experiencias de su vida en Inglaterra, que quedan transformadas y ubicadas en la frontera entre el sueño y la memoria."
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IMPRESIÓN

   Cuando salgo al exterior, una ancha calle pasa recta delante de la casa. De pie en medio de la calle y examinándolo todo a mi alrededor, todas las casas tienen cuatro pisos y el mismo color. Las casas de al lado y las de enfrente son tan similares en construcción que resultan casi indistinguibles. Si me adelantara cuatro o cinco metros y después me diera la vuelta, sería imposible saber de qué casa acabo de salir. Esta es una calle extraña.
   Anoche dormí rodeado por el ruido de los trenes. Poco después de las diez fui corriendo por la oscuridad como en un sueño, espoleado por el sonido de las pezuñas de los caballos y las campanas. Centenares de sombras hermosamente iluminadas rozaban mis ojos, pero, por lo demás, no veía nada. Esta es la primera vez que miro a mi alrededor.
   Me quedo mirando arriba y abajo esta extraña calle dos o tres veces y luego giro a la izquierda, camino unos cien metros y salgo en un cruce. Tomo nota mentalmente y giro a la derecha, yendo a parar a una calle aún más ancha. Muchos autobuses pasan a lo largo de esta calle. Todos ellos llevan gente en el techo. Los colores de estos autobuses que incesantemente me adelantan son rojo, amarillo, verde, marrón y azul. Miro en la distancia, pero no puedo discernir hasta dónde llegan los colores. Cuando miro detrás de mí, avanzan hacia mí como nubes multicolores. Me detengo para pensar a qué lugar llevan a la gente y dónde la recogen, pero me arrolla una persona alta que me empuja por detrás. Trato de apartarme de su camino, pero descubro otra persona alta a mi derecha. Y a mi izquierda. La gente que me empuja por detrás es a su vez empujada por la gente que tiene detrás. Y todos están en silencio. Y todos se mueven espontáneamente hacia adelante.
   De repente soy consciente de haberme ahogado en un mar humano. No tengo ni idea de lo ancho que es este mar. Sin embargo, a pesar de su amplitud, es un mar extremadamente tranquilo. Pero no ofrece escapatoria. Si giro a la derecha, el camino está bloqueado. Si voy hacia la izquierda, el camino está cerrado. Aunque me dé la vuelta, está lleno de gente. De modo que avanzo silenciosamente. “Como gobernadas por un solo destino, decenas de miles de cabezas negras parecen haberse puesto de acuerdo para seguir hacia adelante sincrónicamente dando un paso a la vez.
   Mientras camino recuerdo la casa de la que acabo de salir. La extraña calle, con los mismos edificios de cuatro pisos y el mismo color en todas partes, parece un tanto lejana. Me siento como si no tuviese ni idea de dónde debo girar y qué camino debo tomar para ir a casa. Aunque volviera atrás, probablemente no sería capaz de descubrir mi propia casa. Anoche el edificio estaba en medio de una oscuridad total.
   Sintiéndome un poco desamparado, y empujado por las altas multitudes, dos o tres veces me veo obligado a girar y a meterme en otras calles anchas. Cada vez que giro tengo la sensación de moverme en dirección opuesta a la oscura casa de anoche y siento una soledad indecible en medio de las multitudes de gente, tan numerosas que me fatigan la vista. Salgo a una suave colina. Parece ser una plaza a la que van a parar seis o siete calles anchas. “Las olas, que hasta ahora han avanzado al unísono, convergen al pie de la colina con las procedentes de muchas otras direcciones y empiezan a dar vueltas en silencio.
   En la base de la colina hay unos grandes leones esculpidos en piedra. Todo su cuerpo es de color ceniciento. Tienen la cola delgada, pero sus sólidas cabezas están incrustadas en el remolino de sus melenas, como barriles de noventa litros. Con las patas de delante juntas, duermen en medio de multitudes que vibran en oleadas a su alrededor. Hay dos leones. Debajo de ellos, el suelo está cubierto de adoquines, con una gruesa columna de cobre en el centro. De pie en medio del mar de humanidad que se mueve silenciosamente, levanto los ojos y miro a lo alto de la columna. Ésta se levanta alta y recta hasta donde alcanza mi mirada. Por encima de ella el gran cielo es completamente visible. La alta columna se eleva como si atravesara el centro mismo de este cielo. Lo que hay en lo alto de esta columna, no lo sé. “De nuevo me veo empujado por una oleada humana que me hace salir de la plaza y, sin saber dónde estoy, desciendo por el lado derecho de una calle. Cuando, al cabo de un rato, miro hacia atrás, veo que, en lo alto de la columna delgada como una vara, hay una pequeña persona sola.

PÁJAROS EN LOS BOLSILLOS, Javier Expósito Lorenzo

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JAVIER EXPÓSITO LORENZO, Pájaros en los bolsillos, La Huerta Grande, Madrid, 2015, 132 páginas.
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JUAN GALLINA 

   Juan nunca salió del granero. Sus padres, vecinos nuestros, le tenían encerrado a cal y canto porque no querían que nadie en el pueblo se enterara. De pequeños, mi hermano y yo nos escapábamos de clase para verlo, recorriendo un pasadizo que habíamos cavado bajo el vallado de separación de las granjas. Acurrucado en su nido, Juan temblaba, sonreía, y piaba un poco al advertir nuestra presencia. Nunca dijimos nada a los mayores, sólo nos mirábamos con tristeza cuando la madre de Juan llegaba a casa y le traía a la mía los huevos que religiosamente pagábamos. «¿ Os ha hecho algo la tortilla?, ¿por qué no mojáis la yema?», solía regañarnos mi madre viendo que no tocábamos el plato. Nosotros, niños que éramos, nunca entendimos que tuvieran a Juan encerrado en el granero sólo por poner huevos de vez en cuando.

DISPOSICIONES Y VIRTUDES, Guillermo Bustamante Zamudio

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GUILLERMO BUSTAMANTE ZAMUDIO, Disposiciones y virtudes, Aula de Humanidades, Bogotá, 2016, 132 páginas.
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PRECAUCIÓN

   Un dios se ocupa de casi todo: el ascenso de los líquidos por la raíz, el minucioso aleteo del mosquito, los dilatados ciclos de los astros, la acumulación organizada de materia que será un cristal, las conjunciones siderales, la respiración de una hoja, la duplicación del espejo… Pequeño, inmenso, infinito, unánime, simple, complejo… no constituye un reto para él. Pero, frente a los hombres, sí toma precauciones: no interviene en su devenir, parece temerles, los deja a un azar que ellos llaman libertad.

LA VUELTA AL DÍA, Hipólito G. Navarro

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HIPÓLITO G. NAVARRO, La vuelta al día, Páginas de Espuma, Madrid, 2017, 256 páginas.

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Recién seleccionado entre los finalistas del Premio Setenil, este último libro de Hipólito G. Navarro, maestro indiscutible de la narrativa breve, incluye algunos microrrelatos entre otros cuentos de mayor extensión.
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RIFA

El viejo ha vuelto, y pasea feliz por el altozano. Propina distraídos puntapiés a los guijarros mientras contempla con ojos melancólicos las ruinas del castillo y de las casas que se desparraman ladera abajo hacia el pueblo ahora abandonado donde transcurrió su infancia, hace ya de eso una eternidad.
   De entre las piedrecillas que patea y que caen rodando alegremente por la cuesta llama su atención una más redonda y oscura que no llega tan lejos como las demás. Al poco de quedarse quieta comienza a rebullir, a extraer de su materia unas patitas, a caminar con una torpeza coleóptera. Se acerca el anciano para observar al pequeño escarabajo, para comprobar si su patada lo ha dejado listo. Parece que no. El animalillo sigue andando como si nada hubiera pasado, como si esa mediana violencia no se hubiese ensañado con él.
   Tampoco le recriminan nada otros insectos afectados, como puede verificar el viejo de regreso a la explanada. Antes le ofrecen el soberbio espectáculo de la reconstrucción del hormiguero que pisó sin darse cuenta, un pequeño volcán en miniatura hecho de finísimas partículas de entusiasmo.
   Las gramíneas y otras yerbas que fueron aplastadas por sus pasos también se recuperan lentamente, enderezando poco a poco sus tallos. Si algunas no lo hacen, quizá no importe demasiado: el viejo sabe que han dejado antes en su ropa bien ancladas las semillas.
   Hace mucho tiempo que se fueron los habitantes del lugar, abandonando a su suerte el puñado de tristes construcciones que queda más abajo, puros esqueletos de vigas recubiertas de zarzas. Infiere entonces el hombre con un ligero estremecimiento, al ver cómo hasta los más pequeños y frágiles seres se yerguen después de la adversidad de cruzarse con él, que quizá este retorno no esté sucediendo en realidad, que sea un regreso inventado, por completo imaginado, pero ¿por quién? Desde luego no por él, que se pellizca y no le duele, que se pellizca y no se toca. Pero de seguro es él quien ahora todo lo acaricia con suavidad, quien se amolda como un guante al espacio que lo aloja, y son sus cinco hijos los que dudan. De vuelta de esparcir las cenizas por la ladera del castillo, sopesan si conservar o no la urna, que tiene maneras de ánfora antigua y es bastante bonita —indivisible, eso sí—, de color claro, muy poco funeraria en realidad.

HAIKUS DESDE EL RÍO, Fátima Frutos

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FÁTIMA FRUTOS, Haikus desde el río, Berenice, Córdoba, 2017, 112 páginas.

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Hielo en la orilla
el petirrojo suspendido en el aire
sobre el espejo

CUENTOS COMPLETOS, Amy Hempel

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AMY HEMPEL, Cuentos completos, Seix Barral, Barcelona, 2009, 512 páginas.
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AMA DE CASA

   Solía dormir con su marido y con otro hombre en el transcurso de un mismo día y luego, durante el resto del día, durante lo que le quedaba para sí misma del día, se regodeaba repitiendo en voz alta de forma embriagadora: «oh, como en una película francesa, como en una película francesa».

TODO LO QUE SE PRODIGA CANSA, José Luis García Martín

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JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍNTodo lo que se prodiga cansa, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2017, 162 páginas.
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Sin literatura el mundo sería ilegible.
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Se vive después de haber vivido.
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A veces una reseña resiste mejor al paso del tiempo que el libro reseñado.
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Hay libros que solo se dejan leer cuando ellos quieren.
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Lo que no se tiene también puede perderse.
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Para el que sabe mirar, una vuelta por su jardín vale lo mismo que tres vueltas al mundo.
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Dios no existe, pero a veces me sonríe.
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Aprender a escribir es casi tan difícil como aprender a leer.
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La poesía ilumina, pero quemando.
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No me gustan las historias que acaban bien porque acaban. 

LAS CINCO ESTACIONES, Elías Rovira Gil

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ELÍAS ROVIRA GIL, Las cinco estaciones (haiku - senryu), Uno Editorial, Albacete, 2012, 140 páginas.
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Sólo el rocío
deja ver
la telaraña

LA PROVINCIA DEL HOMBRE, Elias Canetti

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ELIAS CANETTI, La provincia del hombre. Carnet de notas 1942-1972, Taurus, Madrid, 1982, 336 páginas.
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Los días se distinguen, pero la noche tiene un solo nombre.
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En la oscuridad las palabras pesan doble.
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Algunas frases no empiezan a soltar su veneno hasta al cabo de años.
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La maldición del tener que morir debe ser transformada en bendición: que uno pueda morir cuando vivir es insoportable.
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Ya no hay grandes palabras. La gente, de vez en cuando, dice «Dios», simplemente para pronunciar una palabra que una vez fue grande.
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Las almas de los muertos están en los otros, los que han quedado, y allí se van muriendo del todo, lentamente.
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Una idea que me tortura: que todos los dramas hubieran tenido lugar ya y que lo único que cambiaran fueran las máscaras.
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Sólo es bueno odiarse de vez en cuando, no demasiado a menudo; si no, uno se encuentra con que vuelve a necesitar mucho odio contra los demás para equilibrar el odio que se tiene a sí mismo.
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Las ciudades en las que uno ha vivido se convierten en barrios de la ciudad en la que uno muere.
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Un dolor tan grande que uno ya no lo relaciona consigo mismo.
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Siempre estamos diciendo lo mismo, pero lo terrible es que tengamos que decirlo.
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Palabras, llenas de sangre como chinches.

VARIA INVENCIÓN, Juan José Arreola

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JUAN JOSÉ ARREOLA, Varia invención, Joaquín Mortiz, México D.F., 1985, 110 páginas.
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CARTA A UN ZAPATERO QUE COMPUSO MAL UNOS ZAPATOS

   Estimable señor:
   Como he pagado a usted tranquilamente el dinero que me cobró por reparar mis zapatos, le va a extrañar sin duda la carta que me veo precisado a dirigirle.
   En un principio no me di cuenta del desastre ocurrido. Recibí mis zapatos muy contento, augurándoles una larga vida, satisfecho por la economía que acababa de realizar: por unos cuantos pesos, un nuevo par de calzado. (Éstas fueron precisamente sus palabras y puedo repetirlas.)
   Pero mi entusiasmo se acabó muy pronto. Llegado a casa examiné detenidamente mis zapatos. Los encontré un poco deformes, un tanto duros y resecos. No quise conceder mayor importancia a esta metamorfosis. Soy razonable. Unos zapatos remontados tienen algo de extraño, ofrecen una nueva fisonomía, casi siempre deprimente.
   Aquí es preciso recordar que mis zapatos no se hallaban completamente arruinados. Usted mismo les dedicó frases elogiosas por la calidad de sus materiales y por su perfecta hechura. Hasta puso muy alto su marca de fábrica. Me prometió, en suma, un calzado flamante.
   Pues bien: no pude esperar hasta el día siguiente y me descalcé para comprobar sus promesas. Y aquí estoy, con los pies doloridos, dirigiendo a usted una carta, en lugar de transferirle las palabras violentas que suscitaron mis esfuerzos infructuosos.
   Mis pies no pudieron entrar en los zapatos. Como los de todas las personas, mis pies están hechos de una materia blanda y sensible. Me encontré ante unos zapatos de hierro. No sé cómo ni con qué artes se las arregló usted para dejar mis zapatos inservibles. Allí están, en un rincón, guiñándome burlonamente con sus puntas torcidas.
   Cuando todos mis esfuerzos fallaron, me puse a considerar cuidadosamente el trabajo que usted había realizado. Debo advertir a usted que carezco de toda instrucción en materia de calzado. Lo único que sé es que hay zapatos que me han hecho sufrir, y otros, en cambio, que recuerdo con ternura: así de suaves y flexibles eran.
   Los que le di a componer eran unos zapatos admirables que me habían servido fielmente durante muchos meses. Mis pies se hallaban en ellos como pez en el agua. Más que zapatos, parecían ser parte de mi propio cuerpo, una especie de envoltura protectora que daba a mi paso firmeza y seguridad. Su piel era en realidad una piel mía, saludable y resistente. Sólo que daban ya muestras de fatiga. Las suelas sobre todo: unos amplios y profundos adelgazamientos me hicieron ver que los zapatos se iban haciendo extraños a mi persona, que se acababan. Cuando se los llevé a usted, iban ya a dejar ver los calcetines.
   También habría que decir algo acerca de los tacones: piso defectuosamente, y los tacones mostraban huellas demasiado claras de este antiguo vicio que no he podido corregir.
   Quise, con espíritu ambicioso, prolongar la vida de mis zapatos. Esta ambición no me parece censurable: al contrario, es señal de modestia y entraña una cierta humildad. En vez de tirar mis zapatos, estuve dispuesto a usarlos durante una segunda época, menos brillante y lujosa que la primera. Además, esta costumbre que tenemos las personas modestas de renovar el calzado es, si no me equivoco, el modus vivendi de las personas como usted.
   Debo decir que del examen que practiqué a su trabajo de reparación he sacado muy feas conclusiones. Por ejemplo, la de que usted no ama su oficio. Si usted, dejando aparte todo resentimiento, viene a mi casa y se pone a contemplar mis zapatos, ha de darme toda la razón. Mire usted qué costuras: ni un ciego podía haberlas hecho tan mal. La piel está cortada con inexplicable descuido: los bordes de las suelas son irregulares y ofrecen peligrosas aristas. Con toda seguridad, usted carece de hormas en su taller, pues mis zapatos ofrecen un aspecto indefinible. Recuerde usted, gastados y todo, conservaban ciertas líneas estéticas. Y ahora…
   Pero introduzca usted su mano dentro de ellos. Palpará usted una caverna siniestra. El pie tendrá que transformarse en reptil para entrar. Y de pronto un tope; algo así como un quicio de cemento poco antes de llegar a la punta. ¿Es posible? Mis pies, señor zapatero, tienen forma de pies, son como los suyos, si es que acaso usted tiene extremidades humanas.
   Pero basta ya. Le decía que usted no le tiene amor a su oficio y es cierto. Es también muy triste para usted y peligroso para sus clientes, que por cierto no tienen dinero para derrochar.
   A propósito: no hablo movido por el interés. Soy pobre pero no soy mezquino. Esta carta no intenta abonarse la cantidad que yo le pagué por su obra de destrucción. Nada de eso. Le escribo sencillamente para exhortarle a amar su propio trabajo. Le cuento la tragedia de mis zapatos para infundirle respeto por ese oficio que la vida ha puesto en sus manos; por ese oficio que usted aprendió con alegría en un día de juventud… Perdón; usted es todavía joven. Cuando menos, tiene tiempo para volver a comenzar, si es que ya olvidó cómo se repara un par de calzado.
   Nos hacen falta buenos artesanos, que vuelvan a ser los de antes, que no trabajen solamente para obtener el dinero de los clientes, sino para poner en práctica las sagradas leyes del trabajo. Esas leyes que han quedado irremisiblemente burladas en mis zapatos.
   Quisiera hablarle del artesano de mi pueblo, que remendó con dedicación y esmero mis zapatos infantiles. Pero esta carta no debe catequizar a usted con ejemplos.
   Sólo quiero decirle una cosa: si usted, en vez de irritarse, siente que algo nace en su corazón y llega como un reproche hasta sus manos, venga a mi casa y recoja mis zapatos, intente en ellos una segunda operación, y todas las cosas quedarán en su sitio.
   Yo le prometo que si mis pies logran entrar en los zapatos, le escribiré una hermosa carta de gratitud, presentándolo en ella como hombre cumplido y modelo de artesanos.
   Soy sinceramente su servidor.

YO TAMBIÉN SOY SHEREZADE, José de la Colina

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JOSÉ DE LA COLINA, Yo también soy Sherezade, Menoscuarto, Palencia, 2016, 160 páginas.

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En esta antología, realizada por Fernando Valls, se ofrece una representativa y notable muestra de los microrrelatos de José de la Colina, un referente en el ámbito de la narrativa breve.

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ATILA

   Batalló con sus huestes en estepas fogosas o heladas y en praderas y en bosques umbríos, fue el terror de sus tiempos y venció a reinos de Oriente y Occidente, pero, como por donde pisaba su caballo no volvía a brotar la hierba, descubrió un día que el verdadero, obstinado e invencible perseguidor era el Desierto.

ANIMALES CÉLEBRES, Luis de Oteyza

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LUIS DE OTEYZA, Animales célebres, Clan, Madrid, 2011, 232 páginas.

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Recupera Clan este Bestiario publicado en 1919 en el que Luis de Oteyza (1883-1961) desmitifica con humor tanto a la serpiente del Edén o el cisne de Leda como a el caballo Babieca o el ratoncito Pérez. José María Parreño en el Prólogo (pp. 9-12) dice: «Oteyza es un pionero en zoología fantástica. De ella hay en la literatura española del siglo XX ejemplos memorables. El libro de los seres imaginarios (1957)de Jorge Luis Borges es el más logrado. [...] Frente a la gravedad borgiana [...] Oteyza es castizo y literal».
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LAS GOLONDRINAS DE BÉCQUER

Estoy seguro de que desde el comienzo de mi obra se esperaba la llegada de estos animalitos. ¡Claro que sí! Son célebres, tan célebres como aquel que de mayor celebridad goce. 
   En efecto. ¿Cuántas señoritas cursis puede calcularse que existirán en España y los países iberoamericanos?... Millones, muchos millones, ¿eh? Pues bien; todas ellas se saben de memoria la «rima» de Bécquer donde las «obscuras golondrinas» desempeñan el papel principal. Todas, todas, sin faltar ninguna. 
   Y es lógico, perfectamente lógico, que así sea. El proceder de las referidas aves resulta de una entera, absoluta y definitiva cursilería. Intervienen en un idilio, admirando la belleza de la amada y el entusiasmo del amante, y cuando ese idilio se rompe culpan a la desdeñosa, llenas de condolencia hacia el desdeñado... ¡Como para cogerlas con liga y guisarlas con arroz! 
   Fue que Bécquer se echó una novia, la cual, al enterarse tratándole de que era poeta de profesión y de que no se lavaba casi nunca, decidió darle calabazas, a fin de ponerse en relaciones con otro galán más limpio y de mejor porvenir. Y fue que la conducta de esta higiénica y previsora joven —higiénica, pues no hay profilaxis como la del aseo, y previsora, porque mientras Bécquer se murió de hambre el otro galán llegó a ministro—, disgustó a unas golondrinas que en su balcón colgaban los nidos.
   Esas golondrinas, cuando el poeta visitaba a su novia, iban jugando y llamaban con el ala en los cristales. Entonces la tierna pareja abría y salía a tomar el aire un poquillo. Y las golondrinas refrenaban el vuelo para contemplar cuan hermosa era ella y cuan dichoso era él.
   Además, aprendieron los nombres de ambos. ¿Cómo?... Oyéndoles cuando se llamaban el uno al otro. ¿Qué cómo se supo que los habían aprendido?... ¡Ah, ya! Lo ignoro. Pero el caso fue que aprendieron los nombres de los dos. Así llegaron a considerarles de la familia mismamente.
   En esto sobrevino la ruptura de que queda hecha mención y entre las golondrinas se alzó un gran revuelo. sus protestas contra la ingrata fueron generales. «¿Habéis visto —decía una— cómo ha plantado al pobre?» Otra replicaba: «Es que quiere casarse con ese chico gallego, amigo de Moret» ¡Qué atrocidad —clamaban varias al unísono—, dejar a un poeta por un politicastro!» Sólo una se permitió advertir que el poeta pringaba de sucio y tenía menos dinero que pulcritud; pero las demás la redujeron al silencio, llamándola burguesa. Al fin, todas tomaron el acuerdo de no volver a tratarse con la novia de Bécquer.
   Tal procedieron las aves en cuestión, y de ahí lo que indiqué al empezar. Semejante cursilada, puesta por el autor de las Rimas en unos versos muy pegajosos, a los que el maestro Casares agregó unas notas más pegajosas aún, tiene que adherirse forzosamente a la memoria de cuantas señoritas cursis hablan castellano. Y se adhiere, ¡vaya si se adhiere!
   Mas, ahora que reparo... No deben molestarse mis distinguidas lectoras, aunque sepan la canción. Puede saberse, sin estar en el caso aludido también la sé yo, por ejemplo, que no soy cursi ni siquiera señorita. 

          Volverán las oscuras golondrinas
          de tu balcón sus nidos a colgar, 
          y otra vez con el ala en tus cristales
          jugando llamarán. 
          Pero aquellas que el vuelo refrenaban
          tu hermosura y mi dicha al contemplar; 
          aquellas que aprendieron nuestros nombres... 
         ¡Esas no volverán! 

   La sé con música y todo. Re fa la, si la fa re fa la, re la ta si, la sol fa sol sol la. Re fa la, si la fa re fa la, la re, re si, do la. Et sic de caeteris.

 Valeriano Bécquer

LUZ SOBRE LUZ, Luce López Baralt

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LUCE LÓPEZ-BARALT, Luz sobre Luz, Trotta, Madrid, 2014, 140 páginas.

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Seyyed Hossein Nasr señala en el Prefacio (pp. 9-12) las huellas del sufismo en la poesía mística española. Cuando leemos los poemas de Luce López-Baralt, dice, «parecería que escuchamos la música de la guitarra y el cante flamenco clásico», pero a la vez es evidente «la presencia soterrada de un universo espiritual islámico». En las Palabras preliminares (pp. 13-14) la autora recoge la opinión de José Ángel Valente sobre el umbral del místico, situado entre «la imposibilidad de decir y la imposibilidad de no decir», para acabar confesando que este libro es el resultado de «la imposibilidad de no callar».
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Aspiré a ser Tu espejo
pero me convertiste
         en Tu propio rostro.

MAR DE HISTORIAS, Francisco Silvera

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FRANCISCO SILVERA, Mar de historias, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2016, 144 páginas.
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PARQUÍMETRO

   El operario acabó su trabajo. Llegó el perro y le meó la base.

LOST IN TRASLATION, Ella Frances Sanders

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ELLA FRANCES SANDERS, Lost in translation, Libros del Zorro Rojo, Barcelona, 2016, 112 páginas.

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Este delicioso libro subtitulado Un compendio ilustrado de palabras intraducibles de todas partes del mundo complacerá a curiosos y a lingüistas. De igual modo los dejará insatisfechos ante su brevedad: ¡queremos más!
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TIÁM

S. El destello en tus ojos cuando acabas de conocer a alguien.

FARSI

Sustantivo. Aún no sabes si serán especiales para ti, ni qué papel cumplirán en tu vida, pero tu mirada despide un brillo especial y te sientes feliz de haberlos conocido.

REFLEXIONES Y EPIFONEMAS, Rafael Barrett

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RAFAEL BARRETT, Reflexiones y epifonemas, Renacimiento, Sevilla, 2014, 192 páginas.

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Le bastan muy pocas páginas a Christian David López, responsable de la edición, para relatar la agitada vida de Barrett, «pariente directo del Duque de Alba, y de George Barrett», pero «amigo de los revolucionarios». En Rafael Barrett, un escritor entre dos mundos (pp. 9-26) leemos: «Barrett utilizaba el artículo periodístico con mucha versatilidad, era un innovador en el género. Tenía la capacidad de amoldarlo a sus intenciones. Por ello sus artículos aparecían en forma de cuento, de microrrelatos, de teatro breve, etc. Eso hace de él algo más que un simple periodista».   
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No hay remordimiento más triste que el de no haber pecado. 
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El corazón que no ama es una cisterna tenebrosa, un depósito inmóvil que no recibe ni da. El corazón que ama es el remanso a cielo abierto, donde las mil corrientes del mundo descansan un instante para partir otra vez.
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La muerte suprime a las personas, pero no las arruina. Los difuntos siguen administrando su fortuna: siguen aumentándola y explotando a los vivos. El alma de oro no muere.
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Egoísmo es debilidad. Los cuerpos fríos se calientan a expensas de los otros. Elevad la temperatura de un pedazo de hierro, y a medida que aumentéis la energía del metal lo haréis más y más generoso. llegará un momento en que de puro ardiente resplandecerá y os iluminará el camino.
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No me habléis de patriotismo. Un amor que se detiene en la frontera no es más que odio.
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La curiosidad es el buen apetito del espíritu. Ni los anémicos tienen hambre, ni curiosidad los idiotas.
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Todos los juegos son simulacros de combates, representaciones atenuadas de a esencia misma de la vida: la guerra.
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La ciencia nos arma para la vida y nos desarma para la muerte.

PROVERBIOS DE TODO EL MUNDO, Axel Scheffler

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AXEL SCHEFFLER, Proverbios de todo el mundo, Destino, Barcelona, 1998, 126 páginas.



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 Axel Scheffler ilustra esta selección de sabiduría popular del mundo.
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 Las peores lluvias caen sobre los techos más destartalados.
Japón

TRECE VECES TRECE, Gonzalo Suárez

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GONZALO SUÁREZ, Trece veces trece, Papeles de Son Armadans, Palma de Mallorca, 1972,  174 páginas.
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TRES: DONDE SE DEMUESTRA QUE LA TIERRA ES ESFÉRICA

   El hombre no tenía nariz, ni ojos, ni boca.
   Y el rostro estaba cubierto de pelo.
   Me llamaron a mí, para que investigara.
   La encuesta no fue tan sencilla como posteriormente pudierais imaginar.
   Me proporcionaron el pasaje de avión, y volé hasta las antípodas. Y de allí volví al punto de partida.
   Por la otra cara del mundo.
   Era preciso actuar con cautela, puesto que en ello estribaba el éxito de la empresa.
   Sólo así pude averiguar lo que averigüé, y redacté un informe de setenta y siete páginas.
   Del cual se deducía que aquel hombre estaba de espaldas.

EL CORRIDO DE WASHINGTON JARAMILLO, Juan Manuel Sánchez Moreno

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JUAN MANUEL SÁNCHEZ MORENO, El corrido de Washington Jaramillo, Playa de Ákaba, Madrid, 2016, 160 páginas.
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EL AMOR DE WASHINGTON JARAMILLO POR EL PLANETA EN EL QUE VIVIRÍA HASTA LA MUERTE

   Vaciar las papeleras no es la tarea con la que sueñan los niños, pero alguien tenía que ocuparse, y fue entonces cuando Jaramillo quiso ahorrarle al mundo otra cicatriz. Mientras ordenaba los papeles tirados, observó que todos estaban más arrugados que de costumbre, lo que, además de darle más trabajo que habitualmente, le hizo pensar que había sido una jornada de enormes decepciones, y se dijo que la frustración era mayor cuanta más esperanza se había depositado en esos boletos sin premio.
   Aunque eso le llevara unas horas robadas a su descanso, decidió alisar uno a uno los décimos, de modo que así ocuparan menos espacio. Sin saberlo, a cada pasada de su mano por el papel, el planeta le agradecía esas inesperadas caricias.

ACERTIJERO, Valentín Rincón

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VALENTÍN RINCÓN, Trabalenguero, Nostra, México, 2008, 286 páginas.

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En la Introducción (pp. 7-20) Valentín Rincón recuerda que «resolver problemas hace que la mente permanezca en una constate ejercicio; resolver acertijos viene a ser una suerte de entrenamiento para mantenerla ágil y efectiva». Rincón distinguen entre acertijos lingüístico-humorísticos y problemas. Las ilustraciones de Alejandro Magallanes enriquecen el texto.
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DIARIO I, Jiddu Krishnamurti

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J. KRISHNAMURTI, Diario de Krishnamurti I, Orión, México D.F., 1989, 274 páginas.
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18 de junio de 1961
Al anochecer estaba ahí: súbitamente estuvo ahí llenando la sala, un gran sentido de belleza, poder y dulzura. Otros lo advirtieron.
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4 de julio de 1961
Atareado en la tarde, ahí estaba, pese a ello, la presión con su tirantez.
   Cualesquiera sean las actividades que uno ha de realizar en la vida cotidiana, las conmociones y los diversos incidentes no deberían dejar sus cicatrices. Estas cicatrices se convierten en el ego, el yo, y a medida que uno va viviendo ello se vuelve muy fuerte y sus muros llegan a ser casi impenetrables.
***
7 de julio de 1961
Varias veces uno despertó gritando. Otra vez estaba ahí esa intensa quietud del cerebro y un sentimiento de vastedad. Ha habido presión y tirantez.
   El éxito es brutalidad. El éxito en todas sus formas, en la política y en la religión, en el arte y en los negocios. Tener éxito implica crueldad.
***
25 de julio de 1961
Pese a la reunión, el proceso continúa, algo más suavemente pero continúa.
   Uno despertó esta mañana más bien temprano, con la sensación de que la mente había penetrado en profundidades desconocidas. Era como si la propia mente hubiera penetrado dentro de sí misma, muy lejos y a gran profundidad, y el viaje parecía haberse realizado sin movimiento alguno. Y esta experiencia de inmensidad se daba con una plenitud y riqueza incorruptibles.
   Es extraño que si bien cada experiencia, cada estado es por completo diferente, se trata, no obstante, del mismo movimiento; aunque parezca cambiar es, sin embargo, lo inmutable.
***
16 de octubre de 1961
Fue antes del amanecer, cuando no había ruido y la ciudad aún se hallaba dormida, que el cerebro al despertar se quedó inmóvil porque «lo otro» estaba ahí. Entró muy quietamente y con tan vacilante cuidado porque en los ojos había sueño todavía, pero ello fue un gran gozo, de una admirable simplicidad y pureza.

MATERIA OSCURA, Ángel Zapata

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ÁNGEL ZAPATA, Materia oscura, Páginas de Espuma, Madrid, 2015, páginas.
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PIEDRA VENCIDA EN EL VIENTO

   No ha terminado.
   Cede sus ojos a la lejanía, tiene a su alrededor herramientas melladas, oye susurros en las sombras.
   Lo inacabable, en él, es lo que le circunda como un límite, es el zócalo inútil de una isla en la extensión de un mar vaciado. Nunca habla de esta soledad, no sabría trasponerla: las escamas desprendidas de las nubes arden sobre él; una palabra se dirige a otra, él no es una palabra. Si aún se ocupa, lo hace fuera de sí, con huellas, con reflejos, con jirones de seres.
   Impura, extrema lasitud donde habitar…
   Ni siquiera desea ver más, pero el triunfo de la noche, el único, es haber abolido los párpados.

VIAJE ESENCIAL, Alejandro Jodorowosky

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ALEJANDRO JODOROWSKY, Viaje esencial, Siruela, Madrid, 2016, 240 páginas.

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Cierra este volumen el Epílogo (pp. 243-245) en el que Antonio Bertoli recuerda el concepto de «poesofía» que anida en la poética de Jodorowsky: «La poesía solicita y transforma la fuerza indgadora del pensamiento en una forma particular, que no es digital sino analógica». En dos de las secciones del libro, Piedras (pp. 9-73) y Nubes (pp. 99-160) predominan los poemas mínimos. Las ilustraciones las aporta Pascale Montandon.
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Este dolor no es mío
es del niño
que reina en mi memoria



TUITS PARA EL SIGLO DE LA GRAN PRUEBA, Jorge Riechmann

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JORGE RIECHMANN, Tuits para el Siglo de la Gran Prueba. Disparos con parábola, Plaza y Valdés, Madrid, 2017, 144 páginas.
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El capitalismo destruye lo que apreciamos para ofrecernos lo que no sabíamos que podíamos desear.
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Ahí donde cualquier limitación del capricho individual en pro no ya del bien común, sino de evitar un daño directo a terceros, se percibe como una imposición tendencialmente totalitaria, tenemos un gravísimo problema.
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—A lo mejor en algún momento tendríamos que repensar el Desarrollo —dijo aquella sonriente y hueca calavera.
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¿De dónde sale tanto ruido? Pero también ¿tanta y tanta música?
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Hablar de la humanidad como «cáncer de la biosfera» es evasión de responsabilidades –pues las células cancerosas no tienen conciencia, pero nosotros sí.
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En el mundo 24/7, hasta tener tiempo para uno mismo y los seres cercanos se convierte en un lujo mercantilizado.
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En el mundo de los caníbales, seguimos tratando de no comer carne.
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Nuestra meta vital no puede consistir en ser una ruedecilla que funcione correctamente dentro de una maquinaria enloquecida.
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Aprender de las lecciones del pasado sin quedar presos en las trampas de las violencias del pasado... Es parte de esa tarea sisífica que llamamos ser humano.
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«Escapadas como sucedáneo de tiempo liberado... Nada de lo que puede ofrecer el capitalismo vale ni como sucedáneo de una vida verdadera.
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El valor último no puede ser la vida como mera supervivencia, sino la vida digna, lúcida y amorosa.
***
Pidiendo un Samuel Beckett desde dentro.

CIEN VISIONES DE GUERRA, Julien Vocance

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JULIEN VOCANCE, Cien visiones de guerra, Renacimiento, Sevilla, 2017, 120 páginas.

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La traducción de Susana Benet acerca al lector español los poemas breves que Julien Vocance, seudónimo de Joseph Seguin, escribió a partir de su experiencia vital como soldado durante la Gran Guerra; poemas que, en palabras de su traductora, "si bien no cumplen con la métrica tradicional [del haiku], sí que contienen la espontaneidad y asombro de lo inmediato."

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Sin duda la muerte
abrió estos inmensos surcos
cuyas semillas son hombres.

PULPO EN SU TINTA Y OTRAS FORMAS DE MORIR, Will Rodríguez

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WILL RODRÍGUEZ, Pulpo en su tinta y otras formas de morir, Ficticia, México D.F., 2006, 104 páginas.

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ASESINATO DE UNA CEBOLLA

   El cocinero partió en dos a la pobre cebolla, pero ésta no sintió pesar; murió satisfecha porque al ser descuartizada hizo llorar al asesino.

IMÁGENES MOMENTÁNEAS, Georg Simmel

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GEORG SIMMEL, Imágenes momentáneas, Gedisa, Barcelona, 2008, 160 páginas.
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VACAS AMARILLAS 

   Ante las puertas de una antigua ciudad hanseática. Amplias, fértiles praderas bajo un cielo de lluvia totalmente poblado de nubes. Aquí y allá rebaños de vacas formando perfectos círculos que, pese a estar en movimiento, parecen echadas o paralizadas. La entera visión del mundo que se tiene en este lugar guarda algo de melancólico; aquélla es muy vasta, pero allí donde alguna vez hay alambrados, los animales también están inmóviles. 
   Una mujer de mediana edad y su hija pasan por delante de mí. La muchachita dice: 
   —Mamá, ¡qué desagradables son las vacas amarillas! 
   La madre: 
   —Sí, hija; pero tampoco hay tantas. 
   La muchacha entonces no supo qué contestar; pero no pareció nada satisfecha. 
   ¡Y tenía razón! Aunque ella misma no sabía evidentemente cuán incomprendidas habían sido sus palabras. La entristecía que semejante deformidad fuera posible, que la naturaleza en absoluto hubiese impedido eso. ¡Y la madre pensaba compensar esa imperfección en la idea de la realidad con la cuestión de la cantidad! Como si no fuera por completo indiferente con qué frecuencia se confirma ese faux-pas de la naturaleza, y no dependiera todo del hecho de que se produzca, de que la naturaleza se haya olvidado de crear la especie de las vacas amarillas, que con un solo ejemplar dan prueba de la no idealidad de los entes tan cabalmente como con miles. Más allá de la realidad, fuera de toda dimensión, moran los arquetipos de los entes; el mito judío los tocó de cerca en los días de la creación del Paraíso, como el mito platónico en el reino de las ideas. En ellos descansa el sentido del mundo, y si los accidentes de la naturaleza se producen incontables veces, esto altera su valor tan poco como el modelo del acuñador de monedas a causa de que éstas resulten más bellas o más feas por usarlas a menudo o cada tanto. Pero este valor de la idea que vive en las cosas queda sumergido en el alma del hombre bajo el burdo cuánto, cuántas veces, como si todas las cosas no fueran más que mero dinero y cuanta cosa hubiera dependiese del cuánto. Pero en la joven muchacha vivía un idealismo, una noción de que el sentido o el sinsentido del mundo habita en las ideas que él produce y no en la cantidad de veces con que lo hace.